ANALISIS CUANTITATIVO

Representaciones sociales en relación con el rol del Estado en lo económico y en lo social, AMBA, 2012.

EStado - Mercado

Equipo de Investigación

Lyall, Rubén – Kuschill, Leandro – Scholcoff, Alejandra

Comentarios preliminares:

*Iremos presentando el informe por partes y poder así realizar ajustes y comentarios de acuerdo a las consultas y criticas recibidas.

1ra Parte : Introducción y Contexto Histórico

Introducción:

Para la realización del presente trabajo partimos de considerar y diferenciar el rol del Estado en lo que respecta a su intervención en la esfera económica y en la social durante el período conocido como “Aperturista”,  que comenzó en nuestro país entrada la década del ´70 y que caracterizó la década del ´90 y el actual contexto político. De un momento histórico en que se apostó a la máxima reducción de la intervención del mismo, con desregulación y privatizaciones de empresas públicas, sólo por mencionar algunas características, se pasó a otro momento en que la concepción del rol de Estado es absolutamente diferente. Actualmente, desde el discurso y desde las medidas políticas adoptadas se apuesta a un Estado no sólo presente sino también fuertemente participativo. Existen medidas concretas para fomentar la industria nacional y para re-estatizar empresas que habían sido privatizadas. Los casos de YPF y Aerolíneas Argentinas son ejemplos de ello.

A partir de ello nos preguntamos cuáles serían las representaciones y valoraciones de la población del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) con respecto al rol que debería tener el Estado en su relación con el mercado y la sociedad, y cómo se distribuirían estas percepciones entre los distintos grupos socioeconómicos de la población? Para responder a esto, utilizaremos los datos que surgen de la encuesta realizada en el Taller de Cambio Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, del 6 al 15 de agosto de 2012. La misma se basa en un muestreo estratificado polietápico, cuya unidad de análisis fueron los habitantes del AMBA de 18 años y más, seleccionados mediante un sistema de cuotas por edad y por sexo, realizada con un nivel de confianza del 95%. Para la realización de las encuestas, se dividió el AMBA en 40 zonas de trabajo con 15 encuestados en cada una.

Presentaremos primeramente un breve recorrido histórico de la noción de Estado Moderno para concentrar luego la atención en el desarrollo y delimitación de nuestro marco conceptual. A continuación, pasaremos a desarrollar nuestra pregunta de investigación, objetivos e hipótesis para finalizar con la construcción, el análisis de los datos y la presentación de nuestras conclusiones.

Contexto histórico

Transcurridos dos siglos de la época revolucionaria que cambiara el curso de occidente en dirección a la democratización y ampliación de los derechos del ciudadano tanto políticos como civiles y luego de distintas etapas y formas de implementación de regímenes y modelos de organización, está clara la dirección que ha tomado el curso de la historia a partir del Liberalismo político del siglo XVIII con la contribución de los estudios de Adam Smith en Economía política, en contra del Mercantilismo (que proponía a los metales como fuente de las riquezas) y de los fisiócratas (que únicamente pensaban en la naturaleza como origen de la misma). De esta manera, comienza a delinearse un nuevo “homo economicus” (en el sentido de Hombre de negocios) que estaría llamado a gobernar la tierra aún por sobre los Estados y sería el actor central del desarrollo económico. Para esta corriente de pensamiento es la motivación individual la que lleva al crecimiento del comercio y la industria, la parsimonia es la que realiza la acumulación de capital (ahorro) que se transforma luego en inversiones lo que deviene en creación de trabajo. A partir de la división del mismo, el intercambio se hace más intenso, lo que incrementa la riqueza de los individuos que metódicamente y en ciertas condiciones (ceteris paribus) ven acrecentar su patrimonio individual. Según Adam Smith, la economía regula por su propia virtud y es una parte de ese orden: “Son conducidos por una mano invisible que los hace distribuir las cosas necesarias de la vida casi de la misma manera que habrían sido distribuidas si la tierra hubiera estado repartida en partes iguales entre todos sus habitantes; y así, sin proponérselo, sin saberlo, promueven el interés de la sociedad y proporcionan medios para la multiplicación de la especie“.[1]

Por lo tanto, la propuesta de Smith es un Estado mínimo, lo cual no implica únicamente un Estado Gendarme. Las funciones que éste debería cumplir son tres: la organización de la defensa contra las potencias extranjeras, la organización de la paz interior y la administración de justicia. En lo económico, adhiere fundamentalmente en que el Estado debe desarrollar y mantener distintas industrias y edificios que por su naturaleza no puede dejar librado al interés privado aunque, por no ser rentables, carezcan de interés para aquél, son de gran importancia para la comunidad y por ello mismo articulan al cuerpo social.[2]

Muy resumidamente, desde los inicios, el auge del iluminismo ha proporcionando a las teorías del Estado una base sólida para su conformación en tanto figura excluyente de las sociedades modernas. Desde las teorías contractualistas que proponen un Leviatán omnipresente y que no admite competencia interna, hasta la centralidad del Soberano que dentro del Contrato Social apela a la voluntad de las mayorías para llevar adelante su misión, la tesis del “Laissez faire” es un principio de organización económica: el librecambio o no intervencionismo, que elevó a los países centrales y a las clases medias burguesas en ascenso como sujetos principales del cambio dentro de ellos, en los albores de la Revolución Industrial del siglo XVIII, a niveles de desarrollo impensados para la época. Se inició así una era de prosperidad en el contexto de una globalización que abarcó todos los rincones de la tierra y llevo a los países centrales a marcar el camino para el crecimiento y el desarrollo de las naciones.

Este hombre económico pensado por Adam Smith incorporaba en su constitución al valor–trabajo como condimento principal del origen de la riqueza. En su filosofía moral y económica este autor forjó las bases para dar argumentos a toda una época que llevaba anidada en sí misma el Cambio Social, que solo se expresa en 1776 en América y en 1789 en Europa como íconos revolucionarios, pero que de tiempo atrás luchaba contra el oscurantismo religioso y las instituciones feudales anquilosadas del “ancien régime” que oprimía a la fuerza del trabajo y la libertad del hombre nuevo y moderno que estaba dispuesto a tomar las riendas de su propio destino. La propuesta de Gobierno una vez pasados los años de conflicto más radicalizados se fueron plasmando de acuerdo a las ideas y doctrinas del movimiento enciclopedista – iluminista: la cultura, la ciencia, las artes, la política, la economía y la vida cotidiana misma daban cuenta del cambio social y estructural que se había producido. En el 1799 en Francia el Hijo de la República toma a su cargo, como una mano extendida de la revolución, los planes y el desarrollo del curso de la historia, lo que habrá de repercutir en gran parte de Europa y de América. La libertad, la igualdad y la fraternidad son los términos que están en boca de todos los nuevos ciudadanos y el relato lleva a transformar la realidad no sin marchas y contramarchas hasta avanzado el siglo XVIII.

La cultura decimonónica aun estaba en su apogeo cuando Karl Marx postula que el nuevo sujeto revolucionario es el trabajador, el nuevo “Homo Faber”. El lleva al extremo la idea de tomar el Estado para luego hacerlo desaparecer, éste era el causante de las divisiones de clase y de la explotación; una vez desarticulada su estructura en forma de revolución, la superestructura se debilitaría y habría de dejar surgir el verdadero hombre libre, sin clases sociales y sin ideologías. Esta síntesis de la historia aun es una utopía y juega como imaginario de las realizaciones sociales en occidente. Naturalmente Karl Marx no podía prever el desarrollo del Capitalismo y su modo de producción, explicando al Estado como el servidor de los intereses de la clase dominante. Dadas las tensiones y luchas surgidas en el post-industrialismo, la presión del socialismo y las clases agrarias europeas empobrecidas, hicieron surgir al Estado como centro de las disputas, entendiendo que éste era el que mejor resolvía las contradicciones de la sociedad civil, en detrimento del mercado. La Alemania de Otto Von Bismark en los años ´80 del siglo XIX es uno de los antecedentes de la intervención de aquél en las cuestiones sociales. Con el programa Alemán surgía un Estado Social amplio con seguros de enfermedad y maternidad (1883), ley de accidentes de trabajo (1884), ley de jubilación (1889) para la clase trabajadora. Fue la crisis de finales del 1929 la que contribuyó al desarrollo del Estado de Bienestar en su versión más conocida, con injerencia en lo económico y lo social; todas las tendencias políticas de izquierda y de derecha pusieron en práctica medidas intervencionistas en esas dos dimensiones. El New Deal estadounidense junto al de Suecia son los ejemplos conocidos de los planes más amplios de intervención estatal de los regímenes democráticos abarcando programas sociales pero también planes de obra pública a nivel estatal destinados a absorber la mano de obra ociosa y tomaron medidas en los mecanismos del mercado a través del control de precios y el cupo de producción y compra de mercancías.

Con el Estado como actor central en lo económico y social en 1936 se publica la obra “Teoría general de la Ocupación, el interés y el dinero” del economista inglés John Maynard Keynes, la cual es un compendio sobre el rol interventor que el Estado debe cumplir en lo económico, con políticas tendientes al equilibrio del mercado, que aun posee una preeminencia sobre aquél en la producción de bienes y riquezas. Fundamentalmente, propone actuar sobre la economía incentivando los sectores y actividades en las cuales el mercado no puede o no quiere desarrollar por distintas razones. No podemos confundir a la teoría Keynesiana con el Estado de Bienestar “Welfare State” que surge en 1944 a partir de los acuerdos de la post-guerra (Bretton Woods) y que tuvo un amplio desarrollo hasta la crisis petrolera de los años ´70 del siglo XX, ya que aquella incluye decisiones gubernamentales de tipo monetario y fundamentalmente fiscal y deja pendiente el problema del desarrollo que, en Argentina en particular y en Latinoamérica en general, serían propuestas por la CEPAL (Raúl Prebisch:1949,1951,1952) y llevadas adelante por gobiernos como los de Frondizi (1958-1962) y algunos de los gobiernos cívico-militares de mediados de la década del ´60 del siglo XX; teoría que aún está en boga pero que no logra despegar en los países periféricos , lo que dio surgimiento a otras teorías como la de la “dependencia” (Cardoso y Faletto:1966:1967).

En relación con esto y haciendo un salto en la historia, a partir del Consenso de Washington de 1990 surgen, como si fuera una lista de ítems, diferentes propuestas económico-sociales que replantean el rol que los Estados deberían cumplir en Latinoamérica y que luego se extendió a los países que se consideraban sub-desarrollados. Mirado desde su perspectiva económica, el Consenso de Washington “opinaba” que liberalizar el comercio, mantener los presupuestos nacionales sin déficits, privatizar empresas públicas de servicios, permitir más la inversión extranjera, etc. eran la mejor manera de hacer entrar a dichas sociedades latinoamericanas al mundo desarrollado. Su adopción marcó el imaginario de una periodo, en el cual la conformidad en torno del regreso a un Estado mínimo se impuso como clima de época y detrás de la misma se llevaron a cabo profundas transformaciones en la estructura económica y social argentina.

[1] Smith, Adam. Teoría de los sentimientos morales. Fondo de Cultura Económica, 2010. Parte cuarta. Capítulo I.

[2] Smith, Adam. Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Fondo de Cultura Económica, 1958. Libro IV. Cap. IX.

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